Hola! Soy Elia
Me recuerdo como una buscadora de la paz desde siempre. No hay un momento en el que empiece mi camino espiritual ya que desde niña deseaba ver las cosas de otra manera.
Mis primeros recuerdos son de melancolía. De una tristeza sosegada y permanente sin causa alguna. Y ese estado de ánimo no hizo más que empeorar con los años hasta llegar a tener serios problemas con la ansiedad. Probé todo lo que llegó a mi, tanto convencional como alternativo. No hubo nada que me sacase de ese estado emocional y empecé a creer que formaba parte de mi.
Sentía que toda la «práctica» que hacía para estar en paz no era suficiente y que en cualquier momento podía perderla rápidamente.
Los años pasaban y yo me sentía bien con mi práctica de yoga y meditación. Pero en diferentes etapas tenía que recurrir a la medicación porque seguía sintiendo un profundo desasosiego. Y cada vez que volvía a medicarme aparecía la culpa en mi. Sentía que toda la «práctica» que hacía para estar en paz no era suficiente y que en cualquier momento podía perderla rápidamente. Creía que si no podía controlar mi mente no podría controlar lo que pasaba fuera de mi, lo que pasaba en mi mundo. Seguía escuchando esa voz que me decía lo mal que lo hacía todo porque no era capaz de estar en paz ni conmigo misma a pesar de todos los esfuerzos que sentía que hacía. Me recuerdo siendo muy dura y exigente conmigo pero amorosa con los demás. Y así viví muchos años, hasta los 36, hasta que llegó mi hija.
Con mi hija volvió el recuerdo del amor. Se dieron todos los movimientos necesarios para sentir el amor ilimitado. Una forma de amar totalmente nueva para mi. Antes de ella amaba limitadamente pues dependía de si el otro me hacía feliz, si el otro hacía lo que yo quería, si el otro… vamos que era un amor condicionado y limitado.
Su llegada a mi vida es el milagro que me hizo despertar del sueño de dolor en el que hasta entonces vivía. Ella me mostró la inocencia del amor y me hizo tan feliz que empecé a desear amar a todos igual que la amo a ella.
Me sentía conectada a la fuente creadora y no dudé ni por un instante que sería así. Ahora reconozco ese deseo como el inicio de los cambios que vendrían después.
A mi vida fueron llegando todas las enseñanzas y los maestros que iba necesitando, todo se dio muy natural y fluido para ser integrado en mi. Me comprometí profundamente con mi paz que fue mi máximo deseo siempre y comencé el verdadero camino de regreso a mi hogar.
El anhelo de niña de querer ver las cosas de otra manera y de amar a todos como a mi hija me ha traído hasta aquí, hasta el presente. Y gracias a, absolutamente todo lo que pasó en mi vida, ahora me siento libre y viviendo otra vida totalmente diferente.
Para mi el secreto es no rechazar ninguna emoción o pensamiento que tengamos pues todos se dan en nosotros para ser respirados, sentidos y abrazados. La magia sucede cuando te amas completamente, sin excluir nada de ti. Reconozco este paso como uno de los que más me ha costado aprender porque quedarte a sentir lo que incomoda o duele, al principio no es fácil, pero con práctica es sencillo.
Te enamorarás de una parte de ti desconocida, de tu respiración que es lo que te ancla a la vida, al disfrute de un nuevo segundo, de un nuevo día. Hasta que con cada respiración escojas siempre ser feliz.
Así comenzó el verdadero cambio: pasé de rechazarme a amarme, de ser víctima del mundo a creadora de mi vida, de querer controlar mi mente y al mundo a dejarme fluir plácidamente por el día a día sabiendo que mi felicidad no depende de nada ni de nadie. La felicidad es una elección, es un compromiso que haces contigo mismo. Aprendí a ver a los otros inocentes de todos los juicios que había en mi mente y mi relación con el mundo cambió al no necesitar que las cosas sean como yo creo que me vendrían mejor.
Así que no puedo estar más agradecida a la vida, con todas las situaciones y personas que pasan por ella, doy gracias a todo y a todos por hacer posible la transformación en mi.
Y ahora mi deseo es compartir contigo como empezar a recordar tu verdadera identidad, pues eres mucho más de lo que crees ser. Puedes ser feliz siempre y puedes estar en paz en cualquier situación pero debes tomar la decisión. Y en cuanto la tomas el universo se pone a trabajar para ti, para que así sea.
Me apetece mucho compartir contigo mi entrenamiento a través de una práctica muy amable y continuada. Juntas mantendremos viva la llama del deseo para que no se quede en algo pasajero y te comprometas con tu propósito. Te invito a dos encuentros mensuales durante tres meses en el que trabajaremos conjuntamente la parte mental y la emocional.
Por un lado empezarás a darte cuenta de lo que vas pensando, que son ideas repetitivas y que sigues entrando en bucle. Aprenderás a estar vigilante a lo que te dices… hasta sentir un vacío necesario para los nuevos pensamientos. Y a la vez vamos a permitirnos sentir nuestro corazón. Es un trabajo muy profundo que requiere de una honestidad radical contigo misma. Te animo a parar y sentir. ¡siente, siente y siente! Permítete parar y respirar sin más, sin expectativas ni juicios. Formará parte de tu trabajo; como el nadador va a la piscina, tú vas y te sientes y solo eres. Y así te enamorarás de una parte de ti desconocida, de tu respiración que es lo que te ancla a la vida, al disfrute de un nuevo segundo, de un nuevo día. Hasta que con cada respiración escojas siempre ser feliz.
Toma una gran inhalación y pregúntate: ¿Cuál es mi deseo?
Si la respuesta es paz y felicidad te invito a hacer juntas el camino.
Con todo mi amor
Elia